jueves, 9 de julio de 2009

Vacaciones en Potrero de los Funes, San Luis - Día 10

Hoy volvimos a las excursiones, en este caso al Parque Nacional Sierra de las Quijadas.


Ver Recorrido a P. N. Sierra de las Quijadas en un mapa más grande

Salimos de Potrero de los Funes por el acceso principal y ni bien pasamos la Quebrada de los Cóndores (así se llama) doblamos a la derecha y pasamos frente al monumento al Pueblo Puntano de la Independencia ya que fue en ese lugar, que se llama Las Chacras, donde San Martín reunió a los puntanos que lo acompañarían en su campaña a Perú. El camino que tomamos nos permitió entrar a la ciudad de San Luis desde el norte, probablemente la zona más pobre de la ciudad. Eso si, no esperen encontrar ninguna villa: lo que hay son barrios de casas todas iguales, sin duda hechas por el gobierno que la verdad pintan bastante lindas. Otra cosa sorprendente eran los carteles publicitando el kilo de asado a $7,50, aunque en si no es del todo raro: la verdura también es barata acá y ni que hablar de las facturas, que cuestan $12 la docena.

En San Luis tomamos la ruta nacional 147, que lleva a San Juan, y encaramos rumbo al parque nacional, que está sobre el borde noroeste de la provincia. El viaje fue probablemente el más aburrido de todos ya que la ruta no era más que una sucesión de rectas que cortaban los matorrales, con una curva muy de vez en cuando para romper el aburrimiento. Yo siempre he pensado que la Argentina debería tener una red caminera que uniera sus principales ciudades con autopistas de dos o más carriles por mano, pero viendo la poca circulación que hay en esta ruta creo que con un carril por mano le alcanza y sobra. A los costados de la ruta se veían campos interminables de matorrales cercados uno se preguntaría para que cercar terrenos tan obviamente improductivos si no se cruzara aquí y allá majadas de cabras pastando al costado de la ruta. Es evidente que en esos campos se crían cabras que se alimentan de los pastos secos que crecen entre los matorrales. De tanto en tanto se ve una tapera, flanqueada por un corral para las cabras y un estanque con agua, probablemente extraída de algún pozo ya que los arroyos están todos secos.

Llegando a Sierra de las Quijadas el terreno se iba volviendo rojo y aún más seco. Ya no crecían pastos entre los matorrales, que eran más bajos y aún menos verdes. Entramos al parque nacional, pagamos la entrada y el guía nos dijo que, dado que íbamos con un bebé, el único recorrido que nos recomendaba era el de los miradores. Tomamos el camino de acceso y nos dirigimos a la zona de camping. El camino es en principio recto y atraviesa una zona donde se encontraron hornillos de cocción de cerámica aborigen. Dado que no encontraron muchos resstos de ninguna otra cosa creen que los pobladores originarios (como los llaman) venían aquí sólamente a hacer cerámica. Se entiende, la tierra de la zona debe ser muy buena para hacer platos pero difícilmente en la zona encuentres algo que poner sobre ellos.

Ya llegados a las sierras nos metimos en un camino que recorría el fondo de una cañada. Las sierras son en realidad un levantamiento de suelo sedimentarios no muy firme y por lo tanto facilmente erosionable por el agua. A cada paso se podía ver el efecto de dicha erosión, lo cual era verdaderamente interesante. Incrustadas en los sedimentos había piedras propiamente dichas que me hacían acordar al piso de la cocina de los lelos (una especie de mármol negro), las cuales al ser liberadas por la erosión se amontonaban aquí y allá. Aún no estaban redondeadas de rodar por el agua, así que conservaban sus bordes.

Llegamos luego de varias curvas y contracurvas al sector de camping donde solo había una proveeduría cerrada, mesas y banquitos para comer, unos baños precarios pero muy limpios, unos cuantos coches y el gran total de una carpa. Almorzamos ahí sandwiches de pollo que habíamos llevado mientras Tomi se entretenía mirando los pajaritos que picoteaban las miguitas de las mesas vecinas. De allí seguimos unos 500 metros más hasta el último estacionamiento, cargué a Tomi en la mochilita y encaramos rumbo a los miradores. La vista realmente quita el aliento, mil palabras no le harían justicia así que mejor vaen las fotos que subimos (cuando suban, claro está). Las Sierras de las Quijadas forman un anfiteatro natural, una especie de depresión en forma ovalada, el potrero de la aguada, donde desaguan los arroyos que bajan de las sierras, cada uno tallando un cañón bastante profundo en los farallones (acantilados) de las mismas, que llegan a superar los 200 metros de altura. Al llegar al pimer mirador encontramos tres banquitos hechos de tronco que invitaban a sentarse y contemplar desde ahí la puesta de sol. Me hizo acordar al video de Enjoy the Silence de Depeche Mode (para el que no lo vio, el cantante, vestido como El Principito, va recorriendo paisajes majestuosos para ver la puesta de sol). De allí comenzamos el recorrido hacia los otros miradores pero solo llegamos al segundo, el camino más allá era de cornisa y con escalones y por más que tuviera baranda con Tomi colgado no daba para arriesgarse a tropezar.

Volvimos por la misma ruta y en el camino paramos en San Pedro, un caserío al costado de la ruta donde vimos carteles de Kiosco ya que de lo seco que es nos habíamos tomado toda el agua y estábamos medio muertos de sed. Hacía calor, así que no daba para tomar mate, ni hablar que cebar se complica cuando el acompañanate va atrás. El pueblito en si serían unas tres cuadras de casas sobre la mano oeste de la ruta. Las casas tenían en su mayoría al fondo corrales de cabras. Mucho no había pero eso si, la unidad básica es infaltable. Se ve que no debe pasar mucho por allí, ya que las mujeres que me vendieron el agua salieron a ver quienes eran que habían parado una vez que salí del negocio. Supongo que eran madre e hija, la hija con un bebé precioso de la edad de Tomi más o menos. Seguimos camino por la ruta 147 hasta llegar más o menos a la altura de La Punta, donde nos desviamos para entrar a Potrero por el camino a La Punta. Hay que reconocer que tomarlo al atardecer lo hace aún más lindo.

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