Hoy fue otro día tranquilo y sin demasiadas novedades. El viaje de ida al trabajo estuvo alargado por un remisero inexperto que se le ocurrió tomar derechito por el por el Periférico, que es el camino más corto, si, pero tan embotellado como la General Paz en hora pico, de la cual después de todo es algo así como el equivalente. Para colmo, la policía estaba realizando operativos para detener autos sospechosos, leasé autos cuya calidad no se condecía con el color de sus choferes. Un tanto racista el método y un tanto peligroso, ya que si pescaban a un narco armado nada garantiza que no decida irse de este mundo a los balazos, lo cual sin duda podría derivar en una tragedia.
Cuando llegamos el pobre muchacho se deshacía en disculpas. Era su primer día de trabajo como chofer de remises del hotel y yo fui su primer pasajero. Evidentemente no tenía muy en claro las rutas alternativas (de hecho yo tuve que sugerirle una para la próxima) y para colmo se pasó de la salida que correspondía, con lo cual tuvimos que comernos un tiempo adicional de embotellamiento. Por lo menos el auto era de buena calidad y la seleción de temas que puso en el DVD (si, el auto tenía un DVD en vez del típico autostereo) estaba buena y era relajante.
El día transcurrió sin inconvenientes y dado que yo aun estaba antojado de carne nos fuimos con Armando y Giovanna a Volver, el mismo restaurante argentino al que fui en mi último viaje. Como buenos caballeros la dejamos a Giovanna elegir, así que almorzamos una entrada de chorizo y molleja, y de plato principal picanha. Si, ya se que es un corte brasilero, de hecho Giovanna conocía la picanha por su viaje a Brasil, pero si un restaurante argentino me ofrecieron un vino chileno, no me extrañó tanto comer un corte brasilero en otro. En todo caso estaba hecha a la parrilla, no al espeto como hubiera sido el verdadero "jeito brasileiro". Eso si, la cocción parecía mas bien estilo yanqui: bien cocida (aunque no quemada) por fuera y roja mugiente por dentro. Lo que se diría un tanto arrebatada si no fuera porque creo que era a propósito al gusto local. El vino esta vez fue un malbec Los Alamos, argentino.
Después de haber saciado mi síndrome de abstinencia carnívora me encontré con poca hambre para la cena por lo que luego de las llamadas a casa me crucé al supermercado y me compré una ensalada de lechuga (mucha), pollo, jamón, queso y huevo, y dos cuernitos (medialunas) rellenos de jamón y queso.
Eso es todo por hoy, mañana es mi último día en tierras aztecas y, si dios quiere, el jueves a la noche estaré de vuelta en casa.
miércoles, 22 de octubre de 2008
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