Empecemos por lo que siempre preguntan, el vuelo. El viaje Buenos Aires - Santiago por LAN estuvo más que bien, ya que casi ni hubo turbulencia al cruzar la cordillera. En Santiago casi ni estuve, ya que teníamos que volver a abordar el mismo avión en el que vinimos en eso de una hora, la mayor parte de la cual me la pasé esperando a que me atiendan en un stand de Movistar, ya que el teléfono no tenía línea y yo no podía llamarla a Vane. Cuando tocó mi turno, la chica muy amablemente me dijo que el roaming internacional estaba desconectado y ella no lo podía solucionar, por lo que tenía que comunicarme telefónicamente (?!) con Movistar en Buenos Aires. Luego de esto ya no hubo mucho que esperar, ya que el vuelo a México estaba embarcando.
El segundo tramo del viaje fue igual de tranquilo, aunque obviamente largo. Dado que ninguna de las películas que daban la quise ver, ya sea porque las quiero ver con Vane o porque no me interesaban, me dediqué alternativamente a ver capítulos viejos de Dr. House (dicho sea de paso, genial el sistema de pantallas individuales de los asientos de LAN) o a leer Orgullo y Prejuicio en el libro con las obras completas de Jane Austen, en inglés, que me compré en Ezeiza. Dormité apenas un poco y ya cerca de las 21:30, hora local, aterrizamos. Lamentablemente el avión estuvo como media hora esperando para conectarse a la manga lo que, sumado a las colas en Migraciones y Aduana, hizo que recién a las 23:00 horas me estuviera subiendo a un taxi F1 que, una vez que salió del embotellamiento que había cerca del aeropuerto, me hizo sentirme como en una montaña rusa y a eso de las 23:30 me dejó en el hotel.
El hotel, Fiesta Inn Naucalpan, es el típico hotel de mediana categoría, bonito y limpio pero nada de demasiado lujo. Sin embargo, ya al poco tuve oportunidad de comprobar que el servicio deja bastante que desear. Habiendo almorzado un delicioso salmón en el vuelo pero no cenado, me agarró algo de hambre así que, mientras trataba de seguir las instrucciones, que estaban mal, para poder llamar por teléfono a Vane y dejarla tranquila por fin, decidí pedir una hamburguesa al cuarto. Habiéndola pedido antes de las 12 y siendo esta prometida en 25 a 30 minutos, eran la 1 y todavía no llegaba, por lo que la cancelé y, cual nene castigado portarse mal, me fui a dormir sin cena.
martes, 20 de mayo de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
3 comentarios:
Pobrecito mi bebé! no le funcionaba el celu, tuvo "el placer" de viajar en taxi (que por lo visto ahí son tan animales como en todos lados) y como si fuera poco todo eso...¡lo dejaron sin cena!
Pero bueno, todo irá mejorando y para el próximo viaje tendrá previsto lo del roaming, ya sabrá que ese hotel no es para volver a él y calculará mejor horarios de almuerzo y cena.
¡Ánimo Diego! que con los errores se aprende.
Espero que todo lo concerniente al trabajo salga bien, el resto son detalles.
Besote grande, te quiero mucho.
La madre de yo :)
Y de los errores de ortografía también se aprende, ma?
Y yo que me preocupaba por tu estética bloguística!
A ver si para la próxima almorZás, hermanito!
Besotes y mucha suerte.
Listo, a pedido del público ya están corregidos los errores
Publicar un comentario