Nuevamente me tocó preparar las valijas y otra vez el destino fue Europa. Esta vez el viaje me llevará por Milán y Barcelona para visitar nuestra plantas en esas ciudades, aprender de sus procesos y hacer contactos con gente de allí.
El viaje empezó el sábado a las 20:00 cuando el remís que traía a Vivíana, quien viaja conmigo, me pasó a buscar. Luis Eugenio y José, nuestros acompañantes brasileros, habían salido el viernes y ya habían llegado a Milán, que los había recibido con 4°C y lluvia, muy diferentes de los 37°C y el sol veraniego de Buenos Aires.
Llegamos al aeropuerto y después de una cola terrible en seguridad y migraciones (odio viajar en vacaciones!) nos sentamos a esperar el vuelo mientras charlábamos de los objetivos del viaje. El vuelo salió en horario y estaba completamente lleno. Lotado dirían los brasileros. No había un solo asiento libre. El vuelo, aún sin inconvenientes climáticos, fue en si bastante pésimo. Los asientos de Iberia claramente fueron diseñados por Torquemada, ya que pertenecen más a una sala de tortura de la inquisición que a un medio de transporte. Un poco de acolchonamiento no les vendría mal. El entretenimiento de a bordo se componía de varias pantallas de televisor de tubo (Tierra llamando a Iberia: estamos en el siglo XXI) que bajaban en el centro al estilo de hace 20 años y la comida la sirvieron tan lento y desorganizado que para cuando llegaron a mi, que estaba en la última fila, ya estaban repartiendo el café. Opción no me dieron (se les habría acabado el otro plato) por lo que me toco pasta con una entrada de ensalada y manzana asada de postre. Estaba pasable por lo menos y el azafato era muy cordial, hay que reconocerlo.
Así y todo en logré dormir una hora de las 12 del viaje y a eso de las 11:00 hora local llegamos a Barajas. El aeropuerto es muy moderno, bonito y mucho menos paranoico que Heathrow en Londres. Eso si, al pasar por el detector de metales sonó y tuve que pasar por un cacheo. El policía que me tocó parecía Facundo Arana pero de pelo oscuro, por lo que Vivíana casi se ofrece en mi lugar. Bajamos, tomamos el subte de interconexión de terminales (igualito al de Londres!) y nos dirigimos a tomar el avión a Milán. Dado que teníamos algo de tiempo (y hambre) paramos en un puesto a comprar unos sandwiches. El mío era un pack de 3 sandwiches triangulares en pan lactal: uno de atún, otro de salmón y el tercero de cangrejo. Amo España.
El viaje a Linate (el Aeroparque milanés) fue mucho más cómodo, tanto porque los asientos eran mejores como porque el vuelo estaba sólo por la mitad. Dado que muchos en el vuelo volvían a su casa estoy seguro de haber viajado con algunas milanesas y, muy probablemente, con algún salame de Milán. De Linate nos tomamos un taxi al hotel, que queda bastante cerca, y dado que los brasileros ya habían cenado decidimos comer en el mismo hotel.
La cena fue el menú del día. Entrada: ensalada de rúcula, parmesano, tomates cherry y jamón crudo. Ya sabemos de donde sacó la receta Lore. Decir que estaba exquisita es poco. Primer plato fue un risotto amarillo. En este caso, la que se robó la receta fue Vane, porque era igual al que como en casa. Plato principal fue unas fetas de peceto salseado con papas al horno y de postre flan. Ni que estuviera en Argentina. Me queda claro que somos re-tanos para comer.
Cenado ya, subí y me desmayé en la cama. Mañana sería otro día.
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2 comentarios:
Disfruta todo lo que puedas del viaje,me parece muy bien que comas rico pero trata de cuidarte un poquito. El hotel tiene gym? porque capaz unos minutitos de cinta o bicicleta no vienen nada mal para despojarse de la tension laboral. Besotes y mañana hablamos.
Yo te había dicho que los aviones de Iberia eran pésimos y la comida también, nunca fueron excelentes pero ahora son malísimos. Opino lo mismo que Vane, disfrutá la comida, probá todas las cosas nuevas que puedas...pero hacé unos ejercicios que te harán bien para disminuír tensiones y no aumentar el resto.
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