Dado que no tuve finalmente la oportunidad de ir al centro de Milán a recorrer, dejenmé cerrar esta parte del viaje con algunas reflexiones sobre Italia.
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| Puesta de sol milanesa |
Claramente, Italia es lo más parecido a Buenos Aires que he visto, probablemente más que España mismo. Es cierto que España comparte el idioma, pero hablamos gesticulando más como italianos que españoles (nota aparte, las conversaciones en Italiano-Portugués-Español, cada uno hablando en su idioma y todos entendiendo: Portuñolano?), la comida que comemos es más italiana que española (con perdón de la tortilla de papas), manejamos como italianos (puteadas incluídas) y tiramos la basura por cualquier lado igual que ellos (la basura al costado de la ruta es constante). En fin, somos bastante tanos; aún aquellos que como yo llevan 100% de sangre gallega en el cuerpo.
Italia es también un país viejo. No se ven muchos chicos ni mucha gente joven. En la planta abundaban los empleados de 50 para arriba y aún los más jóvenes peinaban canas. Con tal de decir que a la ingeniera que nos dio el tour ayer la describieron como que "entró a la empresa jovencita", siendo que tiene 32 y hace 2 que trabaja con nosotros... No creo que hubiera ningún empleado de menos de 30. En los restaurantes y el shopping que visitamos hoy es lo mismo. El promedio de edad va de los 40 y pico para arriba. Debe ser por eso que en el shopping sólo había un local de ropa de chicos y una juguetería, mientras que por otro lado si había una ortopedia. Pero bueno, si se venden más sillas de rueda que cochecitos de bebé puede que eso tenga sentido.
Como les dije, me perdí de ir al centro porque los brasileros ya habían ido el domingo y la verdad que a la hora que salimos de la planta todos los días tampoco daba mucho para ir. En su lugar fuimos al shopping. Todo muy caro excepto una tienda de zapatos donde tenían ofertas desde 8 a 16 Euros en zapatos de mujer. Hubiera llamado a Vane para ver si quería algo, pero no había absolutamente nada en 35.
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| Simulador de F1. No había casi nadie esperando para jugar... |
Cenamos ahí mismo en un restaurant japonés que replicaba el típico estilo de los comederos japoneses: la comida venía en pequeñas porciones (1 pieza de sushi, por ejemplo) en unas cuencos transportados por una cinta transportadora que daba vueltas por el local. La gente se sentaba al lado de la cinta e iba sirviéndose lo que quería cuando le pasaba por delante. La experiencia era novedosa pero la comida en realidad no era buena. Las tempuras estaban frías y hechas con rebozador y el sushi desabrido, además de tener muchos platos que no eran para nada japoneses como papas fritas. Realmente lo único notable de todo lo que probé fueron la tempura de cangrejo, una ensalada picante de algas y los gajos de naranja que venían para postre.
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| Buena idea, mala ejecución |
Eso es todo por hoy. Me queda hacer la maleta y mañana a levantarse temprano para ir a Barcelona.
1 comentario:
Me encantó ver las fotos tuyas del día 3 y del día 4, estás sonriente y saliste muy bien, se nota que a pesar del cambio horario estás pasando muy bien esos días.
Yo no pude hacer esas observaciones sobre Italia por dos motivos...o a lo mejor tres: 1.- era pleno verano y había millones de personas, por lo tanto era difíicil diferenciar entre unos y otros como para distinguir italianos. 2.- por haber tantas personas siempre había suciedad por todos lados y 3.- en medio del gentío había muchos jóvenes, de modo que eso de ser todos mayores no me pasó. Arrivederci Milano ci vediamo
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