martes, 21 de enero de 2014

Milano - Día 3

Tante auguri Vanesa!

Levantarme hoy fue tan difícil como ayer. Mi cuerpo sigue negándose a reconocer la hora, sumado a que estoy durmiendo unas 7 horas como mucho. El desayuno lo obviaremos ya que el único cambio es que esta vez se jugaron y la ensalada de frutas tenía kiwi y naranja frescos acompañando el ananá de lata.

Dado que hoy es el cumpleaños de Vane, lo primero que hice al llegar a la planta fue mandarle un SMS felicitándola. Dado que eran las 4:40 en Argentina no esperaba que lo leyera inmediatamente pero si poder llamarla en cuanto se levantara, lo leyera y me contestara; cosa que hizo. Desafortunadamente no contaba con la magia de las conexiones telefónicas italianas: cuando llamás a un número de Argentina desde el celular lo primero que te atiende es un contestador automático del "Grupo Mega". Luego otro que te dice "Gracias por comunicarse con la Cooperativa Eléctrica". Finalmente te contesta un fax. Esto mas allá que uno llama siempre al mismo número. Lo que es peor, Viviana estaba tratando de llamar a su casa y la atendieron los mismos contestadores. Muy extraño...

No pudiendo saludar a Vane el resto de la mañana fue reuniones de trabajo. Al mediodía volvimos a almorzar en planta: polenta con dos quesos gratinados encima (espectacular), pata delantera de cerdo salseada con repollito de bruselas y coliflor (los vegetales excelentes, el cerdo duro) y queso de postre (emmenthal, cuartirolo, gorgonzola: manjar). A la tarde visitamos la planta donde tuve oportunidad de ver el equipo que tienen dedicado a la fabricación de la tinta para el Ferrero Rocher.

Al volver al hotel pude finalmente coneskyparme con casa para saludar a Vane aunque Tomi monopolizó la conversación y no paraba de hablar del juego Angry Birds Go! ("Le ganaste ya a la pajarita blanca?"), Mario Party 9 ("Empatamos todos pero Mamá ganó!") y Mi Villano Favorito 2 ("Junté muchas bananas y me compré al bebé amarillo!"). Como el mismo dijo: "No voy a parar de hablar nunca!", así que casi no hablamos con Vane.

A la noche nos pasó a buscar Stefano, quien nos ha llevado y traído todos los días y nos llevó a cenar a una típica trattoria italiana en un pequeño pueblito en las afueras de Milán: Trattoria Isoletta en San Martino Olearo. Es un establecimiento familiar en un típico edificio de pueblo italiano, con paredes lisas y techo de teja. Dos plantas: el restaurant abajo y supongo que la vivienda de los dueños arriba.

La recepción de Isoletta

La barra de Isoletta. Noten el Fernet Branca
Hogar a leño!
De izq. a der.: Roger, Stefano, Viviana, Luis Eugenio, Jose y yo

La cena eran típicos platos milanesa. De entrada pedimos una tabla de fiambres que traía salame (el "de milán" no hace falta agregarlo), coppa piacentina (mas conocido como bondiola), pancetta, carpaccio y un embutido caliente que no sé que era. El salame te lo servían entero, con una cuchilla para cortarlo. De plato principal Viviana y yo pedimos unos ñoquis con ragú de pato (o, lo que es lo mismo, una boloñesa con pato picado en lugar de carne). Roger pidió una costoletta alla milanese, que es el origen de nuestras milanesas. Imaginen si en lugar de empanar un peceto o una nalga empanaran un bife de costilla, dejando el hueso de la costilla a la vista. Eso es la verdadera "milanesa". Stefano pidió un risotto al salto, que es un risotto alla milanese salteado en manteca para formar una especie de tortilla fina de arroz.

Stefano cortando el salame

Terminada la excelente cena, volvimos al hotel. Mañana será nuestro último día en Milán y, con suerte, vamos a poder recorrer un poco por la tarde. A Domani!

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