El viaje al aeropuerto fue largo, casi 2 horas, debido a que teníamos que atravesar New York en hora pico y estaba todo congestionado. Llegué, hice el check-in del vuelo en una máquina (cada vez se usa menos gente para atender al público), pasé la revisión de seguridad, donde te hacen sacar hasta los zapatos, y me fui a la zona de abordaje a esperar mi vuelo. Eran las 18:40 y tenía 3 horas para que supuestamente comenzara el abordaje sí que maticé la espera primero con una hamburguesa y luego con un café en Starbucks. La vez pasada, cuando vimos el nuevo local que abrieron en Alto Palermo, Vane me había preguntado que tenía de tan especial. La verdad que, comparado con los cafés de acá, no mucho excepto porque son más grandes y tenés la posibilidad de armartelo como vos quieras (agregar leche, crema, cacao, etc.), pero con respecto al jugo de paraguas que normalmente llaman café en USA la diferencia es notoria.
El avión que teníamos que tomar llegó retrasado de San Francisco, al punto que desembarcó directamente en nuestra puerta de embarque. Debido a esto terminamos embarcando con más de media hora de demora, a lo cual se le sumó otra media hora esperando turno para despegar. En definitiva, despegamos con una hora de retraso. El vuelo fue agotador. Me tocó nuevamente ventanilla, lo cual es muy bueno par mirar ero no tanto para moverse, algo que está visto que debo hacer si quiero mantener una buena circulación. La próxima, pido pasillo. Dormí apenas un poco y a las 10:30 ya estaba de nuevo en la Argentina. Como suele suceder n los vuelos que vienen de USA, la Aduana me revisó la valija pero el guarda se distrajo con la laptop, que obviamente podía demostrar que no la traje de afuera, y no se fijó en el resto de la cosas que compré allá.
En fin, ya estoy de nuevo en casa. Será hasta el próximo viaje.
No hay comentarios:
Publicar un comentario