Eureka!
Hoy finalmente logramos fabricar en el reactor piloto uno de los barnices, así que mi trabajo acá va bien encaminado. Aunque con el otro no demos pie con bola, al menos ya podemos ir moviendo el proyecto adelante. En fin, estuvimos yendo y viniendo entre la planta piloto y el laboratorio de resinas y una de las cosas que tiene la planta donde estamos es que es un laberinto. No me extrañaría encontrarme un minotauro en algún pasillo un día de estos.
Para almorzar hoy seleccionamos un típico "dinner" que, aunque un poco mejor puesto, parecía sacado de una película. Un menú lleno de platos típicamente americanos, el especial del día y unas camareras que parecían sargentos de instrucción. El tono con el que les preguntó a los de la mesa de al lado "¿Están listos para ordenar?" parecía implicar "¡Más les vale que lo estén!". Mi comida consistió en una sopa de pollo con verdura y un "cerdo arrancado" que era como una sandwich de cerdo, que estaba como si lo hubieran deshilachado y servido las hilachas de carne. Una preparación de lo más extraña.
Una vez de vuelta, y dado que Mike e Irene iban a visitar familiares, me tomé el colectivo 163 en Paterson Plank Rd. y Hackensack St. hasta el mall Garden State Plaza. El colectivo en si, ya que el recorrido hasta el mall no forma parte de la ruta común durante los días de semana, tuve que esperarlo más de media hora pero valió la pena ya que parecía un micro de larga distancia, con aire acondicionado y asientos reclinables muy cómodos. La verdad que un lujo. El viaje demoró unos 40 minutos, no tanto por la distancia como por que el micro iba lento, dejando pasajeros a cada rato. Para cuando llegamos al mall creo que yo era el único que quedaba.
El mall es el mismo al que fui con Mike e Irene el año pasado y aproveché para comprar ahí el regalo para el Día del Padre, la cámara que me pidió mamá y algo para Vane y para mí. También tenía la intención de comprar el iPhone que Gonzalo quería, pero a pesar de tenerlos en exibición, no los estaban vendiendo, por lo que quedó para la próxima. A pesar de haber dado bastantes vueltas, no pude mirar mucho ya que estaba corto de tiempo y decidí enfocarme en lo que iba a comprar. Fue casi una carrera contra el reloj ya que llegué al mall 19:15 y el último colectivo salía a las 22:00. Para colmo, tenía que considerar volver en un horario en que fuera factible cenar, ya que acá se cena temprano y para las 21:00 o 22:00 los restaurantes empiezan a cerrar.
Además del iPhone, la otra desilusión me la llevé en Abercombie & Fitch, donde vi unas camisas muy bonitas y pensé en comprar una para mi viejo y otra para mí. Menos mal que se me dió por probarlas ya que eran recontra chicas, al punto tal que la XXL no estaba ni cerca de poder abotonarmela. La verdad, no entiendo con que criterio las hacen. Por otro lado, pude averiguar en Victoria's Secret el equivalente del corpiño de Vane: 32A. La vendedora me miró bastante raro cuando saqué un corpiño de la mochila con fines de comparar, pero en definitiva no dijo nada y se puso a medirlo contra los que tenía hasta encontrar el talle. Otro incidente fue con una chica en un stand que me quería vender aceite con sal del mar muerto para suavizarme las manos. La chica, que era judía, me tomó por judío también (es la segunda vez que me pasa, lo mismo me pasó con el taxista que me llevó al aeropuerto en México) y se quedó un poco dura cuando le contesté que no lo era pero de algún modo se las ingenió para hacerme probar el producto. Es cierto que me dejó las manos suaves, pero la verdad que no estaba interesado en comprar algo que puedo hacer en casa con aceite y sal entrefina.
Salí del mall a las 21:00 y pesqué justo el colectivo que estaba llegando a la parada. La verdad que me vino bárbaro porque se veía relampaguear feo y al poco de subirme al colectivo empezó a llover bastante fuerte. De hecho, pasamos varios árboles caídos, zonas sin luz y camiones de bomberos yendo y viniendo. Incluso en un punto tuvimos que desviarnos porque la calle estaba cortada por un arbol caído. La chofer, una negra, estaba bastante nerviosa y charlaba con un pasajero que no quería desviarse ya que podía terminar en una calle angosta donde no pudiera doblar por falta de radio de giro, cosa que aparentemente ya le había pasado alguna vez. Evidentemente no sabe como manejan los colectiveros en Buenos Aires.
Llegué al hotel poco antes de las 22:00 y apenas llegué a tiempo para cenar en Charlie Brown's Steakhouse, que queda al lado del hotel y tiene una onda similar a Henry J. Beans. Cené medio rack de costillas de cerdo (son sólo las costillas y un poco de carne entre los huesos) con una papa al horno. Lamentablemente se me hizo bastante tarde, casí las 23:00 hora local, 0:00 de Buenos Aires, así que apenas tuve tiempo de comunicarme con casa. Mañana probablemente tenga más tiempo libre, ya que Mike e Irene van a visitar amigos y yo no tengo planes de ir a ningún lado.
miércoles, 11 de junio de 2008
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