martes, 5 de octubre de 2010

México DF - Día 2

Debería haberme despertado mas tarde, pero no. Ya antes de que el despertador sonara a las 6:30 (8:30 de Buenos Aire) estaba despierto. Bajé a desayunar a las 7:00 como habíamos quedado, y luego de unas frutas en compota y quesos partimos rumbo a la planta.

El día fue largo y exigente, aunque el buen humor general ayudó bastante. Casi ni paramos en todo el día, o eso al menos me pareció. Menos mal que había desayunado bien, porque la espera hasta el almuerzo se me hizo bastante larga, producto de almorzar a lo que para mi eran las 15:00. Unos mostacholes medio frios fueron la entrada, que casi no comí, y crepes de zuchini con salsa blanca, muy ricos, el plato principal. De postre, flan.

A la vuelta al hotel pude conectarme con casa y ver la nueva gracia de Tomi, aprendida el domingo: desvestirse. La remera todavía no sabe sacarsela bien y solo logra sacarse la cabeza, pero le quedan los brazos dentro de las mangas. Para el pantalón es en cambio un experto y se lo sacó enseguida. También intentó sacarse el pañal, pero Vane no lo dejó. Lo más tierno de la videollamada fue cuando se fue a buscar uno de sus DVDs y me lo trajo a la pantalla para pedirme que se lo pusiera. También jugamos a hacernos morisquetas.

Terminada la llamada, bajé al Lobby donde nos juntamos con la gente de Chile para ir a cenar. Siguiendo la recomendación de una recepcionista del hotel caminamos unas tres cuadras hacia una zona con varios restaurantes y nos terminamos decidiendo por uno de comida Mexicana: Bajío.

Hay veces que un restaurant nada pretencioso en la carta puede volverse excelente simplemente por la calidez de la atención y este fue el caso. El lugar era bonito, con una ambientación clásica en una arquitectura moderna: grandes ventanales vidriados, amplios espacios en desnivel y cocina abierta se combinaban con paredes cubiertas con bordados al estilo de la abuela. La carta era simple, con pocas opciones basadas en lo que se podrían considerar minutas a la mexicana y algunos platos elaborados de corte tradicional.

La verdad que no sabíamos que pedir ya que no teníamos ni idea de que se trataban los platos pero Carolina, la mesera que nos atendió, nos fue sugiriendo diferentes tipos de "tacos" (no todos se llamaban así pero todos eran en definitiva una tortilla rellena con algo) con los que fuimos armando el menú. Probamos de carne y queso, de jibia (un pescado), de cerdo (no me acuerdo el nombre que tenían), de arrachera y de camarón. Nada demasiado pretencioso pero bien elaborado y acompañado de una atención excelente. Eso, sumado al muy buen ambiente con la gente de Chile la verdad que me permitió sacarme el trabajo de la cabeza y, bastante cansado por cierto, me permitió dormirme ni bien volví a la habitación a eso de las 22:00. Eso si, como en Argentina ya habían pasado las doce, aproveché para saludar a Gon en su cumpleaños antes de irme a dormir.

1 comentario:

La brujita viajera dijo...

Como bien decís no hace falta que el menú sea sofisticado, si está bien elaborado y si te atienden con amabilidad ya es suficiente como para considerar el lugar como muy bueno.
Te comento que en la cena del cumple de Gon, estábamos hablando de como Tomi jugó la vez pasada con mi coche haciendo que manejaba. Ni bien escuchó el tema, vino a mi lado, me agarró de la mano y me llevó a la puerta del living, abrí y él iba directo al lugar donde debería estar mi coche si lo hubiese metido en el garage. Se quedó mirando decepcionado el espacio vacío. Te darás una idea de que tu hijo no habla casi nada pero entiende absolutamente todo, supo a la perfección de lo que hablábamos e incluso relacionó que era un lindo juego para hacer en ese momento. No solo es lindo...además es muuuuuuuyyyyy inteligente.