jueves, 7 de octubre de 2010

México DF - Día 4

El depertador sonó nuevamente a las 5:30 y luego de escribir un poco en el blog me dirigí al gimnasio a hacer algo de ejercicio. Es increible la cantidad de gringos que había ahí a las 6 de la mañana. Hice unos 40 minutos de cinta y después subí a bañarme para ir a desayunar. El día de trabajo pasó sin mayores complicaciones, aunque me resultó gracioso que, debido a que el comedor tiene detectores de humo, las pechugas de pollo rellenas las tuvieron que cocinar en el balcón. Menos mal que aunque estaba nublado no llovió, si no comíamos pollo pasado por agua.

A la salida nos dividimos. Los instructores se fueron al hotel, la gente de Chile menos Hernán, el gerente de ventas, se fueron a comprar artesanías y Hernán y nosotros nos fuimos con Vale, la controller de México que es argentina, a un outlet en el Periférico Norte más allá de la planta. Aunque el viaje se suponía que iba a ser rápido, la verdad es que se nos complicó un poco ya que pasando Ciudad Satélite y apenas entrando a Tlalneplantla el segundo piso del periférico (una vía rápida elevada tipo lo que quieren hacer en la Gral. Paz pero con carriles en un solo sentido reversibles, hacia el DF a la mañana y hacia los suburbios a la tarde) estaba en obra, por lo cual las salidas no estaban claramente marcadas o directamente no estaban. Así las cosas nos pasamos de la salida y hubo que comerse bastante tráfico para poder retomar.

El outlet Punta Norte es un shopping a cielo abierto, con dos niveles sobre una colina a lo largo de unas calles arboladas que parecen peatonales zigzagueantes con los negocios a los costados. Ibamos a sacar unas fotos peero en cuanto Jorge sacó la cámara se nos acercó un guardia de seguridad para decirnos que estaba prohibido. Lo miramos como a un marciano pero ni le preguntamos por que. Bastante paranoicos están los guardias de sseguridad mexicanos.

Como la mayoría de los negocios tenían saldos de liquidación de la temporada primavera - verano muy descontados pude comprarle a Vane unas blusas sin mangas en Zara a muy buen precio y luego le compré a Tomi una rampa para autitos de Fisher-Price ya que los juguetes están a muy buen precio. Ya habíamos terminado todos de comprar cuando se apareció Hernán diciendo que quería ir al Palacio de Hierro (una tienda departamental tipo Fallabela de buena categoría) a comprarle algo a su mujer. Yo aproveché a comprarle unas camisitas a Tomi pero Hernán tardó tanto en decidirse que le apagaron las luces y se quedó con las ganas de comprarse algo también para él. A la salida, Vale se dio cuenta que se había olvidado la billetera cuando quiso pagar el estacionamiento. Algunas monedas tenía, pero el problema es que andaba manejando sin documentos y sin registro. Menos mal que no nos paró la policía.

Vale iba a invitarnos a cenar, pero sin billetera terminamos invitándola nosotros y Hernán sugirió ir para Condesa, un barrio donde habían almorzado el domingo, no muy lejos del hotel. Por nosotros, hubieramos parado en el primer restaurant que vimos, pero Hernán no paró hasta que encontramos la misma calle por donde él había pasado. Al final, y dado que Jorge estaba sufriendo síndrome de abstinencia de asado, terminamos en El 10, una parrilla argentina que Vale recomendó.

El menú fue simple y muy argento: empanada de netrada (chorizo y queso en mi caso) una provoleta y un plato de molljas al centro para picar (la molleja es mas barata que la carne, increíble) y una porción de vacío con ensalada (lástima que usan italian dressing en vez de aceite y vinagre, me resulta muy ácido). De postre, no pudimos evitar la tentación de pedir queso y dulce cuando vimos que decía que el dulce de batata o membrillo era de Arcor. Todo regado por un Finca las Moras reserva Malbec. La cena fue muy amena. Charlamos, le sacamos el cuero a los que no estaban y en general nos divertimos. Si hay algo para lo que sirven estas reuniones es para crear o afianzar relaciones con gente de otros paises y creo que en particular en este viaje hubo mucho de eso.

Volvimos al hotel eso de las 12:00, 2:00 de la Argentina así que ni modo de llamar a casa a esa hora. Me quedé un poco triste por eso, ya que para mi es la parte que más espero del día cuando estoy afuera. Mañana ni modo que me levantara a las 5:30, puse el despertador a las 6:45 y me desmayé en la cama.

1 comentario:

La brujita viajera dijo...

Calavera no chilla, dice el dicho, así que si llegaste tarde y no pudiste hablar con tus dos amores...calladito la boca jajajaja.
Que bueno que hayan logrado una buena convivencia entre todos, no hay nada peor que tener estos días de convivencia forzada y encima llevarse mal.
Ya falta menos para volver a casa, así que a seguir juntando ganas de abrazar y besar a tus amores que también te extrañan mucho.