Aquí estoy en tierras aztecas nuevamente para una capacitación en SAP. Luego de una primera semana de entrenamiento en Buenos Aires junto a los equipos de Chile y México, esta vez nos tocó viajar a México.
Decir que el vuelo fue largo es poco. Dado que la capacitación dura hasta el viernes a la tarde y Vivíana necesitaba estar en nuevamente Buenos Aires el sábado a la mañana, las alternativas de vuelos se nos acotaron bastante. De hecho, la única que tenía esos horarios era LAN. Ahora bien, el problema era que LAN no nos ofrecía un vuelo mas o menos directo para la ida sino una odisea que partía el domingo a las 8 de la mañana, hacía escalas en Lima y Cancún y, luego de 16 horas, nos dejaba en el D.F.
El comienzo del viaje fue accidentado. El despertador no sonó (desventajas de la función "alarma de lunes a viernes") así que me despertó el llamado de la agencia de remises informando que mi coche había llegado. Me vestí a las apuradas y en 5 minutos estaba abajo pero, como comprobé cuando estábamos llegando a Ezeiza, me había dejado en casa la billetera. Por suerte salí con tiempo, así que pude volver a casa a buscarla y llegar nuevamente a Ezeiza sin problemas.
El viaje hasta Lima fue tranquilo, en uno de los aviones más modernos que tienen pantallas individuales, así que para matar el tiempo me vi Iron Man 2. En Lima nos esperaba una parada de dos horas, así que la idea era recorrer el free shop, almorzar algo y relajarnos un poco. Ilusos. Vaya a saber por que motivo, pero a los peruanos se les ocurrió que los pasajeros en tránsito igual tenían que pasar por el detector de metales y revisarles el equipaje de mano. Por supuesto, no contaban con equipos suficientes, se acumuló gente y la cola duró una hora. Pudimos recorrer algo y almorzar (una palta rellena con langostinos en mi caso) pero de relajarnos, nada. También les hice probar a Vivíana y a Jorge la Inka Cola, una gaseosa color amarillo radiactivo que es la gaseosa mas famosa del Perú.
El vuelo a Cancún fue en un avión similar al anterior, o capaz que el mismo, así que aproveché para ver Príncipe de Persia. La llegada a Cancún nos deparó la parte mas desagradable del viaje. Teníamos que bajar del avión, recoger todo nuestro equipaje y hacer migraciones y aduana allí, lo cual no me sorprendió demasiado. El vuelo hace una triangulación: sale de Lima, deja pasajeros en ida hacia Cancún y recoge los que vuelven, para en México y deja pasajeros allí, suben otros y luego vuelve a Lima. Como el número de vuelo era el mismo y no teníamos una nueva tarjeta de embarque, nos dieron on cartón que decía "En Tránsito" y traduje como el cartón de "Loosers", los infelices que nos íbamos a México a trabajar en lugar de ir a Cancún de vacaciones.
El problema fue la aduana. Había dos mujeres a cargo de los controles maltratando a todo el mundo. A los gritos y con muy malos modos iban diciendole a la gente que pase, que espere, que coloque las maletas así o asá y que explique que era cada cosa que tenían adentro. Nos trataron como si todos fuesemos narcos y mandaron a abrir más de la mitad de las valijas. Yo tuve suerte y pasé directo pero a Jorge le tocó un control "al azar" y le revolvieron todo y a Vivíana le hicieron historia por un frasco de batido proteico Herbalife que llevaba, le revisaron todo y hasta le olisquearon el contenido del frasco. A una pobre familia mexicana que volvía del Perú le detectaron sobrecitos de té y la hija, de unos veintipico de años, tuvo la ingenuidad de decir que era te de coca. Para qué. Casi se los llevan presos. La chica decía "soy médica" y no podía creer que la trataran como a una mula de los narcos. El padre estaba indignado. Al final los dejaron ir, pero no sin antes confiscarles el te de coca, sacarles fotos a ellos y abrirles un sumario.
No es que yo no haya pasado antes por controles igual de exhaustivos. Colombia era igual. La diferencia es que en Colombia te trataban amablemente y con respeto. Te revisan todo, uno entiende que ellos tienen que hacerlo, ellos entienden que es una incomodidad para uno, te tratan bien y listo. Es un trámite, no es que uno sea un sospechoso, o por lo menos así te hacen sentir. En Cancún la verdad que el tacto y los buenos modos brillaban por su ausencia, bastante extraño para ser una ciudad turística. Claro, eso si, el maltrato es para los latinoamericanos únicamente. Los que vienen de USA o Europa pasan por otro lado y seguro que no les hacen tanta historia.
En fin, volvimos a abordar el mismo avión y luego de un vuelo corto y un capítulo de Los Simuladores llegamos a México D.F., donde pasamos migraciones de largo y pudimos ver en los ventanales del sector de retiro de equipaje como colocaban al mismo en la cinta del lado de afuera y le pasaban por encima un perro antidrogas. Todos pensamos lo mismo: "En cualquier momento el perro va a mear una valija", pero lamentablemente no pasó. También allí nos encontramos con los juveniles de Boca, que estaban desembarcando de otro vuelo. Aparentemente hay algún campeonato de juveniles y por eso todos los vuelos estaban llenos.
Las peripecias no terminaron ahí. Uno no se esperaría un embotellamiento a las 11 de la noche de un domingo, pero eso fue lo que nos pasó. Terminamos llegando al Hotel Intercontinental a las 12 de la noche hora local, 2 de la mañana de la Argentina, cansados y molestos. Por encima uno que estaba detrás de nosotros para el check in preguntó si no había algún counter de check in preferencial. Menos mal que le dijeron que no, porque si lo pasaban delante mío lo trompeaba. En fin, 2:15 estaba en mi habitación en el piso 34, con lo que supuse debería ser una hermosa vista del Bosque de Chapultepec, aunque en la noche no era más que una gran mancha negra en las luces de la ciudad. Me acosté y me desmayé. Mañana sería un día largo y había que reponer energías.
martes, 5 de octubre de 2010
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1 comentario:
Este capítulo de tu diario podría titularse "desventuras de viaje". Lo que más me llama la atención y me hace lamentarlo profudamente es el mal trato de las mejicanas en Cancún. Da para una larga charla sobre el tema, pero era como para decirles si se creían más por no ser sudacas sino centracas, porque por más que se creyeran mejores, en Europa las tratarían como inmigrantes como al resto.
Espero que las cosas vayan mejorando día a día y que el regreso no sea tan largo y maltratado.
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