El día empezó mal, aunque para entenderlo quizás convenga comenzar explicando como se originó este viaje. A mediados de la semana del 14/7 Mike me pidió que lo acompañara a Colombia en reemplazo de Luis Eugenio, dado que Mike sin un buen traductor temía terminar de rehén de las FARC. Así las cosas, comenzamos a averiguar vuelos y a ver fechas con los Colombianos. El tema es que Colombia es un joint venture donde la empresa posee sólo el 50%, por lo que todo con ellos es más complicado.
El 21/7 hago una reserva tentativa de acuerdo a los que planeamos con Mike, pero los Colombianos no confirmaban. El viernes 25, con la reserva que se me caía el lunes, les pido que por favor confirmen. Lo hacen a las 20 horas de Argentina, después de que tanto Mike como yo nos volviesemos a casa. Así las cosas, el lunes me encuentro con la confirmación y, aún dentro de la fecha de reserva, intento pagar el pasaje. Hay un error en la confirmación del pago y la reserva se cae. Ahí comienza la novela.
Llamé a LAN donde me atendieron y me tomaron el pago telefónicamente, indicándome que en 48 horas recibiría la confirmación de la compra, pero la misma no llegó. Llamé en varias oportunidades y siempre me repitieron lo mismo: que la reserva estaba en proceso y que me quedara tranquilo. Hasta me mandaron un mail diciendo eso y otro para quew hiciera el check-in online, cosa que no pude hacer por no estar aún confirmada la reserva. El sábado, bastante intranquilo, llamé de nuevo y les pedí que me dijeran si el problema era que yo estaba en lista de espera, ya que de ser así veía que otras opciones tenía. La chica que me atendía me insistiói en que el lunes no iba a tener problemas en abordar mi vuelo.
Por supuesto, el lunes llegué al aeropuerto y no pude abordar, ya que no tenía ni pasaje ni reserva la cual, me informaron orondamente, se había caido por falta de pago, como si la culpa fuera toda mía. Hay que reconocer que sin embargo las empleadas se desinflaron bastante cuando les mostré los correos impresos y verificaron la historia de todo en su sistema. Así y todo la chilena del call center no me mentió, no tenía ningún problema en abordar mi vuelo del lunes, la vuelta el viernes era el problema. Así las cosas, me ofrecieron una asiento para la vuelta el domingo, el cual tuve que aceptar ya que la alternativa era no viajar. De todas formas, pedí el libro de quejas y asenté lo ocurrido. Prometieron tratar de conseguirme otro vuelo, veremos que pasa.
El vuelo de Buenos Aires a Lima fue tranquilo, con apenas un poco de turbulencia al final. El despegue de Buenos Aires fue en medio de un sandwich de nubes, ya que había una cobertura de nubes bajas y otra de nubes altas, por lo que por un rato volamos con nubes arriba y abajo. Hablando de sandwiches, me había pedido un tostado en el aeropuerto y me dieron otro en el vuelo, los primeros de una sucesión de sandwiches que me acompañarían a lo largo del día. Las nubes se terminaron cerca de Rosario, a la que pude ver desde arriba. También desde arriba vi la Puna y el desierto de Atacama, que tiene zonas con dunas y todo, todo marrón y seco.
De Lima no vi nada ya estaba cubierta por un banco de nubes. El aeropuerto de Lima, que en realidad queda en Callao, es bastante bonito y según Gonzalo barato, por lo que aproveché para comprarme algo. También comí otro sandwich y aprendí que en Perú al pan de miga, aunque más grueso, le dicen pan Pullman. Acompañé el sandwich con una Inka Kola, una gaseosa verde fluo que parece bebida energizante y tiene sabor parecido al chicle de tutti fruti.
El vuelo siguiente a Medellín fue bastante particular en el hecho que tenía una parada tipo "lechera" en Quito. En ambos tamos n os sirvieron un sandwich. La entrada a Quito hay que reconocer que te quita el aliento, ya que para entrar al aeropuerto el avión tiene que hacer varios giros cerrados entre las montañas (que no están tan cerca, pero eso es justamente por los giros). Definitivamente no apto para miedosos al vuelo. El valle donde está Quito es muy bonito aunque la ciudad no tanto. El aeropuero era chiquito, mas chico que el de Mar del Plata y ni siquiera nos bajamos del avión. La gente de limpieza limpió con nosotros adentro y hasta vi un perro que se quiso colar. La mayoría de la gente se bajó allí, subieron otros y nos fuimos a Medellín.
La entrada a Medellín fue aún mas linda, llena de colinas y montañas verdes salpicadas de pueblitos allí donde había un llano, con algunos de ellos que parecía iban a desbarrancarse de un precipicio. Ya cerca del aeropuerto abundaban los invernaderos donde se cultivan flores, principalmente claveles y hortensias. Tal como en Lima y en Quito, el aeropuerto de Medellín oficia al mismos tiempo de base militar. La diferencia es que mientras que los primeros dan todo el aspecto de película de Woody Allen, el último, con sus misiles tierra aire alrededor y sus helicópteros Blackhawk parece decir "con estos no se jode". El edificio del aeropuerto era viejo, marrón, oscuro y deprimente. Parecía desentonar con el verde alrededor.
A la salida me esperaban Mike y los colombianos para llevarme a Medellín. El viaje es bastante largo ya que el aeropuerto está bastante alejado y en el interín bajamos de los 1700 metros del aeropuerto a los 1500 de Medellín. La ciudad de Medellín hay que reconocer que es muy linda, llena de verde y edificios modernos y elegantes. Dado que hay poco terreno plano en Medellín, es natural que donde lo hay se construyan edificios para aprovecharlo mejor.
Nos trajeron al hotel, el Four Points by Sheraton de Medellín, un hotel de lo mas lindo, me pegué un baño y salimos a cenar a un bar llamado "Al Rojo" en la Zona Rosa de Medellín, una zona llena de bares y restaurantes. El lugar lindo, apropiado para comer casi al aire libre. Dado que el clima de Medellín es parejo y agradable todo el año, no hace falta demasiado en cuestión de paredes y casi ningún bar las tiene, solo un techo por si llueve. Comimos unos hongos gratinados muy ricos y una picada de jamón y queso que no decía mucho ya que el queso era queso de máquina común y corriente cortado en cubos y el jamón parecía más bien mortadela por los globos de grasa que tenía. Para tomar me pidieron que les recomendara un vino argentino, así que un reserva cabernet sauvignon de Navarro Correas cumplió la tarea.
Terminada la cena, volvimos al hotel y eso fue todo por hoy. Mañana veré si consigo cambiar el pasaje por algo más en fecha, ya que veo que los vuelos del viernes ahora figuran abiertos a reserva. Será hasta mañana entonces.
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