sábado, 19 de julio de 2008

São Paulo, Brasil - Día 4

El viaje llegó a su fin.

Con la valija sensiblemente más llena, me despedí del hotel y fuí para la planta de Bonsucesso, donde la agenda del día era entrevistar candidatos para el puesto de ingeniero de procesos en Brasil. La idea era que Liliane, la jefa de Recursos Humanos, los entrevistase primero, después yo y por último Fraga, el gerente de la planta.

De los tres candidatos que vimos (una canceló) la verdad es que no nos convenció ninguno. La primera parecía tener la actitud adecuada pero carecía de la experiencia que buscábamos. Dado que se suponía que era una ingeniera "senior" y por lo tanto con un sueldo mayor, no parecía tener sentido pagarle lo que pretendía si uno no iba a recibir la experiencia a cambio e iba a tener que formarla casi de cero como si fuese recién egresada.

El segundo fue todo un caso. 25 años, evidentemente capaz e inteligente pero tan ambicioso que ya te chocaba. Como Fraga dijo, ese no viene por el puesto que ofrecemos, viene por el puesto tuyo o mío. Entre los gruesos errores que tuvo fue decirme que 8 años es demasiado tiempo para quedarse en una empresa (yo llevo 12 y Fraga otros tantos) o decirle a Fraga que el se veía de aquí a tres años como gerente de planta (el puesto de Fraga, justamente). Según sus propias palabras, el se veía gerente general de una empresa en 15 a 20 años, con lo cual de nosotros para arriba no se salvaba nadie. Mas que serrucho, motosierra. Mi recomendación fue de tomarlo y de aquí a tres meses, cuando fuera obvio que no encajaba en la empresa, darle de baja para enseñarle una lección de humildad.

El tercero fue otro caso. El tipo estaba tan nervioso hablando en inglés (comencé todas mis entrevistas en inglés para confirmar el nivel de idioma) que hasta temblaba. Tuve que volver al portugués para que se calme. En la entrevista conmigo estuvo bien, más allá de que obviamente no tenía el inglés requerido, pero Liliane tuvo que sacarle las cosas con tirabuzón y con Fraga naufragó del todo. En un momento se puso nervioso y empezó a toser, por lo que Fraga le ofreció agua. El tipo se excusó diciendo que estaba así por culpa de la lluvia, que le hacía mal. Según Fraga hace tres meses que no llueve. Yo no se si será para tanto, pero seguro que no llovió esta semana.

Por la tarde, ya luego de las entrevistas, Mike me comentó que Jim, basado en mi reporte, había aprobado el proyecto que yo vine a ver acá. La verdad que fue lo que me temía que iba a pasar. El costo final que yo presupuesté, de acuerdo a la información que tenía a mano, fue inclusive mayor del que Luis tenía presupuestado. La diferencia que en mi informe los valores estaban justificados mucho más claramente. El problema es que casi seguro Luis va entender la aprobación dada ahora como una falta de confianza hacia él. En fin, esperemos que en su próxima visita a Buenos Aires podamos limar las asperezas que seguramente se van a generar en cuanto se entere.

En fin, terminada mi tarea me encaminé al aeropuerto de São Paulo que, fiel a su costumbre, era un caos. La fila en el mostrador de TAM (otra vez el vuelo de LAN era de TAM en realidad) para hacer el check-in fue sorprendentemente corta pero las colas no se acaban ahí. Hay una cola para ingresar al área de embarque, otra para pasar los chequeos de equipaje acompañado y todavía otra para pasar Inmigración. Cuando uno se quiere acordar, te pasaste una hora haciendo fila. De ahí pasé al área de embarque (que debe tener el free-shop más chico que conozco y ciertamente no al nivel que una ciudad como São Paulo) a esperar el vuelo.

Ya frente a la puerta de embarque me entretuve con las correrías de unos nenes de unos dos años que andaban dando vueltas por ahí. Eran un nene y una nena que creo que eran primos y españoles y otra nena brasilera. Corrían, hacían lío y querían meterse por la puertas de embarque. Me encantaba la actitud del nene, que la madre le decía que no se vaya y ni bola, se escapaba, pero no llegaba muy lejos. En seguida se paraba y miraba para atrás, a ver si la madre venía a buscarlo. Una ternura.

El vuelo estuvo bien, a las 0:50 aterrizamos y a la 1:30 ya estaba camino a casa. Un robo el remís, que lo aumentaron de $90 a $120 en el último mes y medio. La verdad que por ese precio me conviene más reservar en la remisería del laburo, que me cobra $80 más la espera. Para colmo, mucho "VIP Car" pero el coche ero una Kangoo vieja que tenía rajado el parabrisas y ni siquiera contaba con el pase automático de las autopistas.

En fin, ya estoy de nuevo en casa. Nos vemos en el próximo viaje.

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